México, D.F.   |   23.05.2017

Casa del Risco
Plaza de San Jacinto No. 5 y 15
San Ángel CP 01000
Delegación Alvaro Obregón.
México, D.F.
Teléfono: +52(55)56162711
Fax: +52(55)55509286

www.museocasadelrisco.org

Historia

HISTORIA DE LA CASA DEL RISCO

La Casa del Risco tiene una larga historia que inicia en el siglo XVI con los frailes dominicos quienes edifican una ermita a su santo patrono San Jacinto, y son los primeros propietarios de la zona, construyeron un convento, y después de varios años rentaron a particulares algunos lotes anexos al cementerio de la Iglesia.

Posteriormente, los frailes carmelitas se hacen cargo de las rentas de los terrenos y construcciones de los dominicos,  y a partir del siglo XVIII, con motivo del Colegio carmelita de San Ángelo, se nombraba como San Ángel a este tradicional barrio,  cuyo prestigio y fama fue adquiriendo con el tiempo, en virtud de que la alta nobleza y civiles adinerados construyeron casonas para descansar los fines de semana o pasar aquí las temporadas de verano.

Entre los moradores de la Casa destaca el Capitán Don Manuel de León, Ensayador Primero de la Real Casa de Moneda de la Nueva España, que en 1750 la adquirió y acondicionó. Después se tienen documentos que Don Pedro Alcántara del Valle,  Juez de la Balanza también de la Real Casa de Moneda, mandó a realizar su última remodelación en 1771.

En el periodo en el que vive Don Pedro Alcántara del Valle hay importantes anécdotas de la remodelación de la Casa, tal es el caso de que durante la construcción de un segundo piso, para disponer de más habitaciones, el respectivo muro se cargó a la pared  de los vecinos.

El vecino que fue perjudicado era Don Jacinto Martínez, Caballero de la Orden de Calatraba, quién exige a Don Pedro una indemnización.

La casa de Don Jacinto fue construida, ni más ni menos por el connotado Lorenzo Rodríguez, Maestro Mayor de arquitectura, (encargado de la Catedral, arquitecto del Sagrario Metropolitano, y demás obras de urbanización, así como de importantes casas de la sociedad novohispana) y por esa razón es citado como testigo.

Después de dar fe de que la propiedad de dicha pared era de Don Jacinto, se resuelve a favor de ese, y Don Pedro paga la multa impuesta por el juez. No obstante,  Don Pedro solicita que se le venda el muro completo, y no sólo la sección en la que se recargó, pues su intención era subir a un segundo nivel toda la construcción. Su solicitud fue aceptada y se pactó el precio.

Don Lorenzo Rodríguez confirma la solicitud y certifica que en  adelante ese muro pertenece a Don Pedro, con la advertencia a Don Jacinto que no construirá más arriba del segundo nivel que el de Don Pedro, así como tampoco tendría derecho de arrimarse, salvo que quisiera una demanda, pagar los daños, indemnizar y pagar el juicio.

Por esa razón, la fuente monumental puede haber sido elaborada tanto por su estilo (ultrabarroco, ubicado en el último tercio de siglo XVIII), como por el tamaño  (8.10 mts. de altura por 9.50 mts. de ancho), en este periodo en el que se sube a un segundo nivel la totalidad de la construcción.

La historia de la Casa a través de los títulos de propiedad llega hasta 1774, posteriormente se tiene noticias de otros inquilinos,  por fuentes indirectas, entre estas el testimonio y crónica del libro Historia de San Ángel, de Don Francisco Fernández del Castillo, personalidad de fines del siglo XIX y principios del XX.

Fernández del Castillo comenta en su libro que la Casa del Risco o del Mirador fue visitada por el arzobispo Abad y Queipo, enemigo de los insurgentes; por el escritor y político Don  Manuel Payno, y que sirvió de hospital para los heridos durante la Guerra de Intervención, y después de cuartel general para los yanquis.

Años más tarde vivieron: el Licenciado Benigno Payró, un abogado importante y acaudalado, el hijo del Segundo Conde de Ágreda, don José Ma. de Ágreda  y Sánchez, bibliófilo de finales del siglo XIX y principios del XX, así como del músico Ernesto Elorduy, quién murió en 1913 y del que hay una placa alusiva en el edificio, cuyos familiares  poseen fotografías del cortejo fúnebre saliendo de la Casa del Risco.

Convertida desde antes de 1913 en una vecindad, fue desalojada y puesta en venta en virtud de la nueva Ley de 1931, en la que se declaró que “serían considerados monumentos coloniales históricos protegidos por el gobierno federal, aquéllas casonas del siglo XVII y XVIII”, como la Casa del Risco.

Para 1933, Don Isidro Fabela adquiere la famosa Casa del Risco, cumpliendo uno de sus anhelos “Quiero vivir en una mansión colonial, en San Ángel, el de gran señorío”.

Desde esa fecha Don Isidro Fabela y su inseparable esposa Josefina Eisenmann de Fabela, se dieron a la tarea de restaurarla y decorarla como antaño:

"Esta casona del siglo XVII la salvamos de la obra destructora del tiempo.  Pusimos en ella el apego casi paternal que se guarda por lo que es propio y el cuidado de nuestras manos para armonizar su moblaje con el estilo que la caracteriza".

Para Isidro Fabela y su esposa significó un viraje dentro de la vida de ambos, pues el rescate de esta joya arquitectónica y su decoración los convirtió poco a poco en coleccionistas de obras del siglo XVII, XVIII y XIX:

"Por eso dos almas hechas una, la de mi compañera, y la mía, en comunión constante de aspiraciones y gustos, nos propusimos, primero, rendirle pleitesía a la vetusta Casa del Risco respetando su arquitectura del siglo XVII; y segundo, darle a sus interiores el aroma y sabor que tuvieran antaño".

Después de varios años, en 1958 deciden  constituir con el Banco de México un Fideicomiso para donar la Casa del Risco, con mobiliario, pinturas, esculturas, artes aplicadas, la biblioteca y archivos, convirtiéndose en el primer museo donado por un particular.

"Nuestros propósitos se limitaron a adquirir en subastas europeas –en tiempos de las dos guerras- y de anticuarios nacionales, aquellas obras que nos parecieron gustosas de contemplar no por sus firmas y precios altos, cuanto porque armonizaran con la plástica interior del monumento arquitectónico de la “Casa del Mirador”, como también se la nombraba".

No conforme con ello, el Lic. Isidro Fabela y la Sra. Josefina Eisenmann, gracias al apoyo del gobierno federal que adquiere el inmueble contiguo a la Casa para instalar una Biblioteca que contara con todos los servicios, depositan en esta el acervo bibliográfico que habían reunido:

"Cuanto a mi biblioteca, ella no tiene grandes proporciones, porque si es regular como privada, es muy pequeña como biblioteca pública, pues apenas si llega a los 20,000 volúmenes donde, justo es decirlo, mi esposa aportó los valiosos de Goethe, Heine, Dickens, Schiller, etc".

En 1963 es inaugurada la Casa y la Biblioteca, con la presencia del Presidente de México, el Lic. Adolfo López Mateos:

"En este día 2 de octubre de 1963, “bajo la fe” del Presidente de la Nación, mi respetado y dilecto amigo Don Adolfo López Mateos, la señora de Fabela y yo dejamos en herencia al pueblo mexicano lo que más hemos querido: nuestra casa y nuestras cosas, que llevan en sus átomos nuestras almas siempre juntas".

 

DESCRIPCIÓN DE LA CASA

La Casa de arquitectura virreinal, es de fachada blanca, austera y simétrica, se distingue por su remate mixtilíneo en color “rojo indio”, único en el siglo XVIII, está ornamentada por una cruz y una hornacina central,  custodiada por el sol y la luna, en el nicho se encuentra la Virgen de Loreto, decorada con roleos en argamasa.

El edificio es de dos plantas y torreón,  balcones con herrería marterinada,  un óculo mayor octagonal y uno menor decorado con un ángel, que iluminan la escalera interior del edificio, ubicada a la derecha de la fachada.

El torreón, ubicado a la derecha de la fachada, que siendo el cubo de la escalera hace llegar la construcción a un tercer nivel, convirtiéndose en un mirador, el más alto del barrio,  y del que se puede dominar los alrededores. Durante la invasión norteamericana se alcanzó a observar el avance de los yanquis hasta Padierna.

En el interior, la Casa está organizada a la usanza del siglo XVIII, con las habitaciones alrededor del patio central, (que actualmente fungen como salas de la colección), al que se asoman dos tipos de gárgolas, las de la azotea que servían para el desagüe de la lluvia,  y las del primer piso que recogen el agua de las macetas a través de un canal central, estas últimas se encuentran ornamentadas por máscaras del tipo de teatro clásico.

Tiene dos amplios corredores, que antes estaban decorados con lambrines de talavera, la escalera es amplia y conserva su movimiento helicoidal que venía descendiendo desde el torreón, y que fue utilizado en varias ocasiones como estudio por Don Isidro Fabela.

A pesar de sus viajes constantes al extranjero, pues sus deberes diplomáticos así se lo exigían,  o durante el tiempo que gobernó a su estado natal, Don Isidro Fabela siempre añoraba su Casa por la belleza y comodidad:

"Nosotros adquirimos esa añosa mansión no para pasar en ella una vida que mirara al pasado, sino para vivirla a placer en el presente, de tal modo que luciera su ambiente secular".

Si la Casa es asombrosa, la Fuente que decora su patio es magnífica.

 

LA FUENTE DEL RISCO

El  8 de mayo de 1963,  la Sociedad Protectora del Tesoro Artístico de México, hizo un reconocimiento público a Don Isidro Fabela “por su labor en el rescate de la joya arquitectónica de la Casa y la Fuente del Risco, así como por la importante colección de arte que alberga”.

La Fuente del Risco, que se encuentra adosada al muro a  modo de altar, fue construida probablemente en la segunda mitad o último tercio del siglo XVIII, y constituye uno de los ejemplos de la exuberancia que alcanzó el estilo barroco en el México Virreinal, se puede ubicar también en la última etapa  de este estilo, el “ultrabarroco”, en el que sólo la simetría es una guía en  su abigarramiento y profusión ornamental.

Aunque se desconoce su autor, indudablemente su concepción y construcción fue producto de un eminente arquitecto, que no sólo satisfizo la necesidades básicas de la casa elaborando una fuente que abasteciera de agua a las habitaciones, sino que ejecutó una obra monumental, cuya ornamentación la ubica en las construcciones del ultrabarroco mexicano, del que quedan escasas muestras hasta nuestros días.

La fuente en su perfecta simetría está adornada con platos, platones, tazas, tibores y pedacería de porcelana -llamada riscos-, asÍ como esculturas, espejos y concha nácar que le proporcionan una luminosidad muy especial.

Esta fuente constituye un excelente registro de la cerámica que cada año llegaba a la Nueva España a través de la Nao de China.  Estas mercancías orientales arribaban al Puerto de Acapulco y eran esperadas con gran expectación por la sociedad novohispana por tratarse de bienes muy preciados que adquirían para sus casas.

Para el último tercio del siglo XVIII, ya no había tantos viajes de la Nao, y escasearon las “chinitas” -porcelanas chinas-, y se descompletaron los juegos de té, las vajillas, y demás enseres del servicio de mesa.

Eran tan valiosas y queridas las “chinitas”, que una taza rota, un plato, una tapa rota, o cualquier pieza lastimada, se guardaban y se reutilizaban para decorar macetas, bancas de jardín, interiores de fuente, interiores de patios, caminitos en jardineras, y esta pedacería, combinada con conchas, platos, tibores, espejos, se le llamó estilo del “risco”.

En otras ocasiones la pedacería era utilizada como relleno en las construcciones, de allí que en excavaciones, a cierto nivel, se encuentren restos de porcelana, o de loza blanca y restos de piezas de cristal.

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